
Pequeño límite.
Exposición individual.Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza (MMAMM).
Bruno Juliano emplaza una piedra plateada en la entrada del museo. Mientras afuera se exhibe la obra, adentro encontramos la sala despojada con el piso totalmente cubierto por un plástico negro. En una de las paredes hay un agujero y, lejos, en otro rincón, una carpa con techo voladizo sobre el que rebota el agua que cae de unas goteras.
La piedra se encuentra pintada con láminas de plata a partir de los veinte centímetros de altura desde su base, la línea es la marca de la altura máxima hasta donde ha llegado el agua en una de las inundaciones del museo. Contra los rayos del sol, esta esfinge amorfa funciona como un espejo del cielo, generando un efecto de estridencia poética en el espacio exterior.
La línea que separa la parte plateada de la roca sin pintar se continúa en la sala donde el plástico que cubre el piso se levanta por las paredes hasta la misma altura. Esta línea es el punto de contacto entre lo que ocurre en el exterior con la presencia de una obra romántica y monumental y aquello que sucede en el interior, desnudo y precario. Esta línea genera un todo continuo atravesado por un poderoso efecto de choque entre dos realidades.
Adentro, las luces iluminan el techo y sus goteras, cuyos chasquidos de agua dibujan círculos de distintos tamaños sobre el piso de plástico. Pero la naturaleza pictórica de este paisaje trasheado cede lugar a una serie de operaciones que ponen en relieve las condiciones y el funcionamiento del museo.
Bruno Juliano hace un hueco en una de las paredes y expone el espacio donde se encuentra el acervo del museo. Esta acción vandálica ubica en una posición incómoda al visitante para descubrir las obras de la colección. Otra de las acciones consiste en sacar de su lugar parte del archivo de la institución y exponerlo como obra en la sala para que el público pueda acceder a los contenidos de una información que usualmente suele ser inaccesible.
Bruno Juliano vuelca con perspicacia la atención hacia el contexto arquitectónico y el funcionamiento institucional. En Pequeño límite el espacio funciona como objeto de experimentación donde el artista trabaja sobre la precariedad estructural del edificio y hace de esto un recurso artístico. Este procedimiento no es nuevo para Juliano, quien tiempo atrás, en un acto heroico, se ocupó de rescatar, revalorizar y resignificar el espacio de la cripta de un tradicional colegio salesiano en la provincia de San Miguel de Tucumán para transformarlo en un centro dedicado a la exposición y circulación del arte contemporáneo.
El estado de la cripta depende del funcionamiento del motor de una bomba sustractora que, cuando deja de funcionar, hace que el lugar se llene intempestivamente del agua proveniente de los ríos subterráneos. Por esta razón, este espacio único funciona como laboratorio arquitectónico donde las obras y las exposiciones se adaptan y exaltan las condiciones espaciales.
Bruno Juliano, a lo largo de los años, ha ido desarrollando una estética peculiar del montaje y en paralelo se ha convertido en un referente inteligente y sensible en lo que respecta a operaciones conceptuales vinculadas a los desplazamientos espaciales y de sentido. Pequeño límite es una demostración de la enorme capacidad de este joven artista para abordar proyectos basados en políticas críticas y, a la vez, poéticas del espacio.





Pequeño límite.
Exposición individual.Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza (MMAMM).
Bruno Juliano emplaza una piedra plateada en la entrada del museo. Mientras afuera se exhibe la obra, adentro encontramos la sala despojada con el piso totalmente cubierto por un plástico negro. En una de las paredes hay un agujero y, lejos, en otro rincón, una carpa con techo voladizo sobre el que rebota el agua que cae de unas goteras.
La piedra se encuentra pintada con láminas de plata a partir de los veinte centímetros de altura desde su base, la línea es la marca de la altura máxima hasta donde ha llegado el agua en una de las inundaciones del museo. Contra los rayos del sol, esta esfinge amorfa funciona como un espejo del cielo, generando un efecto de estridencia poética en el espacio exterior.
La línea que separa la parte plateada de la roca sin pintar se continúa en la sala donde el plástico que cubre el piso se levanta por las paredes hasta la misma altura. Esta línea es el punto de contacto entre lo que ocurre en el exterior con la presencia de una obra romántica y monumental y aquello que sucede en el interior, desnudo y precario. Esta línea genera un todo continuo atravesado por un poderoso efecto de choque entre dos realidades.
Adentro, las luces iluminan el techo y sus goteras, cuyos chasquidos de agua dibujan círculos de distintos tamaños sobre el piso de plástico. Pero la naturaleza pictórica de este paisaje trasheado cede lugar a una serie de operaciones que ponen en relieve las condiciones y el funcionamiento del museo.
Bruno Juliano hace un hueco en una de las paredes y expone el espacio donde se encuentra el acervo del museo. Esta acción vandálica ubica en una posición incómoda al visitante para descubrir las obras de la colección. Otra de las acciones consiste en sacar de su lugar parte del archivo de la institución y exponerlo como obra en la sala para que el público pueda acceder a los contenidos de una información que usualmente suele ser inaccesible.
Bruno Juliano vuelca con perspicacia la atención hacia el contexto arquitectónico y el funcionamiento institucional. En Pequeño límite el espacio funciona como objeto de experimentación donde el artista trabaja sobre la precariedad estructural del edificio y hace de esto un recurso artístico. Este procedimiento no es nuevo para Juliano, quien tiempo atrás, en un acto heroico, se ocupó de rescatar, revalorizar y resignificar el espacio de la cripta de un tradicional colegio salesiano en la provincia de San Miguel de Tucumán para transformarlo en un centro dedicado a la exposición y circulación del arte contemporáneo.
El estado de la cripta depende del funcionamiento del motor de una bomba sustractora que, cuando deja de funcionar, hace que el lugar se llene intempestivamente del agua proveniente de los ríos subterráneos. Por esta razón, este espacio único funciona como laboratorio arquitectónico donde las obras y las exposiciones se adaptan y exaltan las condiciones espaciales.
Bruno Juliano, a lo largo de los años, ha ido desarrollando una estética peculiar del montaje y en paralelo se ha convertido en un referente inteligente y sensible en lo que respecta a operaciones conceptuales vinculadas a los desplazamientos espaciales y de sentido. Pequeño límite es una demostración de la enorme capacidad de este joven artista para abordar proyectos basados en políticas críticas y, a la vez, poéticas del espacio.



